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La venganza de las palomas

Escribe Lucía D´Anna Urteaga tiene 12 años y es vecina del Barrio de Flores.

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Escribe Lucía D´Anna Urteaga

En el barrio de Flores habitaban palomas que caminaban con sus patas rosadas moviendo el cuello violáceo y verdoso adelante y atrás.
Ellas estaban hartas de ser molestadas por vecinos florenses. Odiaban que estos las asustaran y espantaran con una pisotada o que las obligaran correrse del camino en vez de que las personas las esquiven. Por eso, una noche de octubre muy primaveral se juntaron irritadas en una pizzería a reflexionar sobre el asunto que agujereaba sus corazones. Antes de conversar pidieron una pizza grande de muzzarella, tres porciones de cancha y cuatro de faina.

Las palomas estaban realmente hambrientas ya que no eran tiempos en los que las personas se sentaban en bancos de la plaza a alimentarlas con miguitas de pan. Ya con la panza llena discutieron como resolver el problema violento entre especies. Un palomón propuso ser fuerte contra la amenaza, no moverse aunque el humano las intimide a correrse. Como la mayoría le agrado la idea, a la mañana siguiente pusieron firme su postura. Pero el plan no salió bien, muchas palomas fueron aplastadas por zapatos, zapatillas y crocs. Las plumas azules las dejaron en el cementerio de Flores.

Esa noche, volvieron a la pizzería y tomaron cerveza, nada más, o si no el gasto era impresionante. Las aves pensaron en comunicarle su situación al editor del periódico barrial FLORES DE PAPEL a ver si podía hacer algo. Él publicó una nota a favor de las palomas incentivando a reducir la violencia contra ellas, pero los vecinos seguían actuando como si fueran superiores.

Desconsoladas, las palomas lloraron y derramaron muchas lágrimas. La mesera se dio cuenta de su tristeza porque estaban inundando la pizzería. Eso era raro porque el grupo contra la violencia consistía de 12 palomas nada mas y no era posible que mojaran el piso. Lo que había ocurrido era que las palomas de tanto comer se habían vuelto gigantes, entonces sus lagrimas eran grandes. En ese instante donde todo se había puesto plumas para arriba, como eran enormes ellas decidieron vengarse ya que tenían el tamaño y la altura necesaria para asustar personas .
Jugaron el mismo juego: espantaron florenses y simularon patearlos.

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