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De la quinta La Moyosa a la Plaza de la Misericordia

Siempre se ha dicho que el Colegio, la Capilla y la Plaza de la Misericordia integran una trilogía donde converge la historia de uno de los más tradicionales y entrañables paisajes de Buenos Aires.

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Escribe M. Cagide

Siempre se ha dicho que el Colegio, la Capilla y la Plaza de la Misericordia integran una trilogía donde converge la historia de uno de los más tradicionales y entrañables paisajes de Buenos Aires. “Me detengo a observar la vieja fuente, las magnolias y las araucarias y ese espacio vacío en uno de sus canteros donde me parece ver todavía la casona de La Moyosa”, escribió Jorge Arturo Olmos, oriundo del lugar.

De añosa arboleda, su manzana fue antiguamente la quinta de los Muratore, una de las últimas quintas sobrevivientes de aquellas que hicieron de Flores un verdadero vergel. Se llamaba La Moyosa (apodo de la hija mayor de la familia) y dejó de existir como tal en la década del cuarenta, siendo adquirida por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires que la destinó a paseo público.

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Desde afuera se veía la hermosa e importante arboleda que asomaba a la reja perimetral. La casona estaba en el centro del predio, que tenía su entrada principal a mitad de cuadra por Directorio, exactamente donde hoy confluye el camino central y los pocos escalones de acceso. Por Bilbao otro portón se abría a los carruajes familiares y proveedores. Un breve tiempo se llamó “Plaza de la Soberanía” y había una llama votiva en el mismo pedestal donde hoy está entronizada la imagen de la Virgen, quien se convierte así en “la Soberana”.

A la Familia Helbling-Mañé, exalumnas y, ellas mismas, madres de exalumnas, se les debe el logro de llevar la Plaza el nombre del Colegio. Una placa de bronce recordaba: “Plaza de la Misericordia, homenaje a la comunidad de las hijas de Nuestra Señora de la Misericordia por su acción asistencial y cultural desarrollada en San José de Flores desde 1872” (Decreto Nro. 13.499/56 de la Municipalidad de la Ciudad De Buenos Aires). Rodeada por las calles Directorio, Camacuá, Francisco Bilbao y Lautaro, tomó desde entonces el nombre del Colegio. Lamentablemente, desconocidos atacaron la base de mármol y robaron la placa, que permaneció señera y elegante unos pocos meses.

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En 1971, la esposa del reconocido escultor Octavio Fioravanti donó a la Municipalidad la escultura “Maternidad”. Alumnas de la Promoción 1971 leyeron unas palabras en reconocimiento al autor y al significativo motivo de esa pieza donada por su esposa Márgara de Fioravanti para un rincón de solaz de familias, padres e hijos que lo frecuentan y el sano clima de encuentro que el paseo propicia. En nombres de las Religiosas hablaron las Hermanas Valeria Mac Carthy y Laura Hudson Küppers. En nombre de las alumnas, la abanderada y mejor compañera de esa Promoción 1971, Ana Lía Cagide.

Actos centrales en el memorable año del Centenario tuvieron lugar en esta Plaza. El Himno Nacional Argentino a cargo del Batallón Tacuarí y coreado por una multitud, la Retreta del Desierto por la Gendarmería Nacional, al cerrar ese día -2 de septiembre de 1978- de Fiesta y la Misa Solemne de Acción de Gracias, celebración eucarística multitudinaria que reunió a autoridades nacionales, eclesiásticas, a todo el alumnado, religiosas, directivos y docentes, exalumnos, vecinos, amigos y bienhechores.

Monseñor Tortolo, en su Homilía, expresó: “Hace años la mano de Dios se detuvo aquí e inspiró a quienes crearon el Colegio. En el libro de la vida están escritos sus nombres, el de las Hermanas, el de los maestros… Podéis estar alegres, vuestros nombres están escritos en el Cielo”. Y leyó un telegrama del nuevo Papa Juan Pablo I, quien envió la Santa Bendición Pontificia a hermanas, profesoras, alumnas, empleados y familias.

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Al concluir la celebración eucarística, la rectora, Hermana Javiera Segade, expresó que ése era “un agradecimiento a Dios. Un agradecimiento digno, porque el hombre se enaltece cuando deja lo cotidiano para dirigirse a Dios”. Recordó después a quienes participaron en la centenaria trayectoria del Instituto y puntualizó la “importancia que adquiere la enseñanza cuando los valores se transforman en normas de vida”.

En el 2015, a doscientos años de la Coronación de la Santísima Virgen como Reina y Madre de Misericordia, el Colegio dio un formidable testimonio mariano al concentrar a todo su alumnado, familias, exalumnos, docentes, amigos y vecinos para una celebración religiosa que incluyó cantos, una suelta de globos y una procesión orante.

Quedó planteada la posibilidad de “entronizar” una imagen de la Virgen con esta advocación en algún destacado lugar de la Plaza. La gestión de nuestra querida exalumna, María Eugenia Vidal, entonces Vicejefa de Gobierno de la Ciudad y luego Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, lo hizo posible. Hoy, la Plaza que lleva el nombre de la Misericordia, tiene esta imagen a la que todos pueden confiarse, encontrando amparo maternal. La Superiora, Hna. Martha Rabino al cerrar el acto, llamó a encontrar en nuestra Madre de Misericordia su legado, su maternal protección y un suave perfume para llevar a todos el mensaje de misericordia.

Un cartel de la CABA, ubicado muy cerquita de la imagen, en el lugar más destacado de la Plaza -esto es a la vista de los escalones centrales de mitad de cuadra por Directorio- anuncia claramente el nombre de este Paseo Público que nos enorgullece a todos los vecinos y especialmente a alumnos, exalumnos, familias y Hermanas.

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