El Bingo Flores desaparece y le da paso a un shopping mayorista con cientos de locales
El ex Bingo Flores se convierte en un shopping mayorista con cientos de locales, a cargo de la desarrolladora Kantuta.

De la vieja sala donde se cantaban líneas y números de bolillas ya casi no queda nada. En San Pedrito y Rivadavia, donde funcionó el Bingo Flores hasta su cierre en 2016, hoy se levanta una estructura metálica nueva sobre los restos del edificio original: apenas sobrevive un tramo del cerramiento verde de la vieja fachada, colgando sobre columnas y vigas recién montadas. El cartel en el vallado de obra no deja dudas sobre quién está detrás: Kantuta, venta de locales.

Ya habíamos contado esta historia hace años, cuando el edificio llevaba dos de sus casi diez años cerrado y tapiado. En aquel momento, un grupo de desarrolladores había filtrado a esta redacción los planos de un proyecto ambicioso: un shopping de 108 locales para cadenas reconocidas de indumentaria y gastronomía, coronado por una torre circular de 18 pisos con pileta y gimnasio. La idea, se aseguraba entonces, estaba lejos de convertirse en una galería tipo “saladita”.
Ese proyecto nunca se construyó. El que avanza ahora, a cargo de la desarrolladora Kantuta —con oficinas propias sobre avenida Rivadavia y avenida San Pedrito, a metros de la obra—, tiene otro nombre y otra lógica: se llama Shopping Mayorista Bingo Flores, y su propio material de venta a inversores lo dice sin vueltas. El argumento comercial no es la marca reconocida ni el café de especialidad: es el tamaño del mercado informal de indumentaria en la Argentina, con más de 86 mil puestos de venta entre manteros y saladitas que mueven, según sus propias cifras, unos 71.500 millones de pesos al año. El proyecto que en 2018 se definía por lo que no iba a ser, hoy se vende exactamente por eso.

Los vecinos de la cuadra ya venían con la mosca detrás de la oreja antes de que se conociera este dato. El año pasado, cuando la obra recién arrancaba, algunos comerciantes de la zona expresaban preocupación por dos cosas: que la cuadra completa termine convertida en un polo textil sin planificación, y que se repita ahí el escenario de hacinamiento e inseguridad que hoy caracteriza a la avenida Avellaneda, a pocas cuadras.

Lo que hasta hace un año era una fachada tapiada y una incógnita, hoy es una obra con estructura en pie. El shopping mayorista todavía no tiene fecha de apertura confirmada, pero la escena de esta semana —container de escombros, vallado con publicidad, y el cartel de Kantuta ofreciendo locales— es la señal más clara hasta ahora de que el proyecto, esta vez, va en serio.





