Escuela Museo Urquiza: El primer colegio porteño tiene más de dos siglos y es de Flores

Conocé la historia de la Escuela Museo Urquiza en Flores. Fundada en 1818, es el colegio más antiguo de CABA y posee 430 obras de arte.

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Nació en 1818 como escuela de campaña en un páramo llamado San José de Flores, aunque su edificio actual fue construido por el prolífico arquitecto Christophersen en 1895, el cual alberga 430 obras de artistas plásticos argentinos.


La Escuela Museo de Bellas Artes Gral. Urquiza se creó en 1818 como una rústica “escuela de campaña para varones” en medio de la nada; por lo tanto, es el colegio más antiguo de la Ciudad de Buenos Aires; aunque en esos tiempos coloniales la zona de Flores era un partido aparte en la provincia bonaerense.


En ese andurrial no había sembradíos; apenas potreros, quizás alguna chacra, luego un estacionamiento de carretas o servía como campo propicio para fiestas o actos políticos. Pero, la iglesia primero y las escuelas después, le dieron entidad al barrio con la Plaza Pueyrredón (a la que todos conocemos como “Plaza Flores”) y la llegada del tranvía.

Fachada histórica de la Escuela Museo Gral. Urquiza en Flores, edificio diseñado por el arquitecto Alejandro Christophersen. Fotografía de 1932.


El colegio, que ocupa unos 32 m de frente en Yerbal 2370, entre Fray Cayetano Rodríguez y Caracas, estuvo cerrado entre 1838 y 1853 por cuestiones de falta de presupuesto aunados a decisiones políticas o cuestiones bélicas, como el bloqueo anglo francés del Río de la Plata.


Tiempo después, desde 1864, la institución vivió varios cambios de denominación y numerosas mudanzas hasta que tuvo su propia casa diseñada y construida entre 1894 y 1895 por el reconocido arquitecto Alejandro Christophersen (1866-1946), de nacionalidad noruega y radicado en la Argentina. Cabe recordar que fue el artífice de muchas edificaciones icónicas, tales como la Bolsa de Comercio, el Palacio Anchorena, el Hospital Español, la fachada del Café Tortoni y la Basílica Santa Rosa de Lima.


Acorde con el racionalismo escolar argentino de entonces, posee amplios ventanales para iluminar naturalmente las aulas, con frontones en el primer piso para darle un toque señorial y donde sobresale un balcón con balaustradas. Adentro, la galería tiene un piso damero (típico de elegantes casonas coloniales) que se baña de luz gracias a una generosa claraboya en altura. Entre la estructura original y los agregados posteriores, las instalaciones se desenvuelven en cuatro niveles.


Hoy es la Escuela N° 1 Distrito Escolar 12 Gral. Urquiza, pero transitó distintas designaciones hasta que se le asignó a Urquiza como patrono. En tren de fechas y acontecimientos, vale citar que en 1977 ingresaron las primeras cinco alumnas para marcar el comienzo de alumnado mixto, que posteriormente se le sumó el nivel inicial a la primaria y, entrando en su historia reciente, que en 2007 se incorporó la intensificación en artes (danza, teatro, artes visuales y medios audiovisuales).

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Fue declarada Sitio de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en 1998 por su valor histórico y por su invaluable patrimonio artístico de grandes maestros argentinos, como Benito Quinquela Martín, Luis Perlotti, Raúl Soldi, Guillermo Roux, Mariette Lydis, Luis Zorz y Lola Frexas.


Este año, la puesta en valor del edificio y de los espacios expositivos es un logro mancomunado de las áreas de Gestión Cultural y curricular de Educación Plástica de la Dirección de Primaria, la Dirección General de Mantenimiento del Gobierno de la Ciudad, el Museo de Bellas Artes Quinquela Martín, el equipo de Huellas de la Escuela, sectores de patrimonio y la comunidad educativa.

Refiriéndose a la Urquiza, el famoso escritor Roberto Arlt (1900-1942) escribió: “Todavía iba a la escuela primaria cuando me agarró el berretín de la literatura. Tragaba libros y vomitaba cuentos”. Poética mención de quien cursó en esta escuela porque vivía en el barrio de Flores, ámbito al que consideraba su “patria”. Autor fundamental de la literatura argentina, demostró ser un escritor precoz, insaciable lector y mago de la pluma desplegando una estética grotesca y fantástica.


Otro talentoso que se formó en esas aulas es el músico, cantante, tecladista y compositor Daniel Melero, “personalidad destacada de la cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”, quien contó a la revista Lugares del Grupo La Nación que “Teníamos un patio abierto para jugar a la pelota y en el resto estábamos rodeados de cuadros y nadie dañó ninguno. Este entorno fue muy inspirador, así como lo fueron los maestros. Para mí resultó una gran influencia, algo positivo. ¡Sabés lo que es jugar entre obras de arte! Siempre recuerdo Hora azul en La Boca, de Quinquela Martín. Sin dudas, se trató de una experiencia fabulosa porque se nos vinculó mucho con la escritura, la literatura o la historia; aunque también estaba la exigencia de las matemáticas”.

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El también productor discográfico (de Soda Stéreo, Babasónicos…), dio sus primeros pasos como intérprete con público en la primaria. El salón de actos fue testigo de un evento donde Melero, con 12 años de edad, tocó la guitarra y cantó, además de actuar con la banda que habían formado. “En ese entonces ya componía temas, cosa que soportaban mis padres. Y con unos compañeros armamos una banda a la que el baterista le puso el nombre: Phaz. Sí, con h en el medio”.

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