Las Casitas Baratas de los Pasajes

Nacieron como una respuesta a la crisis habitacional de principios del siglo XX y terminaron convirtiéndose en un emblema arquitectónico de Flores. La historia detrás de los barrios Varela y Bonorino: de la promesa de "casas baratas" a su consolidación como uno de los rincones más buscados y pintorescos de nuestro barrio.

Corría el año 1913 y las encuestas reflejaban una realidad más que preocupante: el 80% de las familias obreras vivía en una sola pieza y el 37% carecía de instalaciones de agua corriente.

El crecimiento poblacional provocado por la llegada de inmigración extranjera, reflejado en los censos de 1895 y 1914, colapsó la ciudad de Buenos Aires y sus soportes físicos. La falta de vivienda y las pésimas condiciones habitacionales de los nuevos residentes generaron preocupaciones y debates entre sanitaristas, políticos y los gobiernos de turno.

En la década del 20 se dieron notables cambios en la estructura de la clase obrera argentina. En el estrato superior se encontraban los trabajadores de los servicios públicos, de los ferrocarriles, municipales y telefónicos. Se caracterizaban por gozar de mejores condiciones salariales por el hecho de estar vinculados al Estado o a las grandes empresas. Tenían acceso al crédito, y así entraban en la vorágine del consumismo de las clases medias. Este primer estrato obrero, debido a esta condición privilegiada, desdeñaba los conflictos sociales.

En un estrato intermedio se encontraban los obreros calificados de la mayoría de las ramas industriales, con un mercado de trabajo más inestable. Sin embargo, durante la década considerada, este grupo obtuvo mejoras en sus salarial y una reducción de la jornada laboral. Finalmente, en un estrato inferior, se hallaban los trabajadores menos calificados, que no pudieron acceder al mismo nivel de bienestar de los sectores mencionados anteriormente y que se constituyeron los principales demandantes de viviendas populares.

Juan Cafferata, el gran gestor

Intentando brindar una solución al acuciante problema habitacional que sufría la metrópoli porteña, consecuencia directa del incremento poblacional, un diputado afín a la derecha eclesiástica, Juan F. Cafferata, defendió en el Congreso de la Nación –desde 1913– su proyecto de ley conocido después con el nombre de “Casas baratas”, el cual protegía los siguientes principios:

“[…] Demos a la familia, que es la base donde descansa la prosperidad de la nación, démosle hogar higiénico y abrigado, techo protector, casa propia y habremos hecho obra de humanidad y patriotismo. ”[…] Garanticemos a ese trabajador, a ese obrero, que después de sus días, la esposa y los hijos tendrán asilo seguro contra la miseria, porque esas paredes adquiridas a costa de sudores y economías son su patrimonio; que su ancianidad no será turbada por el espectro criminal; que podrá poseer su hogar, el dulce hogar de las tradiciones y de los recuerdos, y habremos llenado con aplauso los deberes de nuestro mandato.”

Fue así que este proyecto de ley, luego de ser tratado por la Comisión de Legislación, pasó –de manera muy polemizada– por ambas cámaras y fue ley (la número 9.677) mediante el Boletín Oficial del 15 de octubre de 1915, Comisión Nacional de Casas Baratas. A grandes rasgos, la Intendencia de la Capital Federal y la sociedad denominada Compañía de Construcciones Modernas aprobaron un contrato mediante el cual un ente privado se comprometía a construir 10.000 viviendas económicas dentro de los límites de la ciudad. Las casas a edificarse debían entregarse preferentemente a obreros y empleados municipales y nacionales. Así, Cafferata había hecho triunfar un procedimiento ágil, destinado a proveer viviendas a los sectores de menos recursos bajo el lema “Es menester, ante todo, ser prácticos, para ser útiles”.

Los destinatarios de los beneficios de ley eran en este orden: obreros, empleados de escaso sueldo, contribuyentes de cuotas mínimas.

Casita Municipal Nro 1 del barrio de Flores

Las primeras viviendas modernas

Dado que en un comienzo la unidad a cargo del desarrollo habitacional se denominó Comisión de Casas Baratas, de inmediato se popularizó la expresión “casitas baratas”, aunque la denominación real era “casas modernas”.

El plan de viviendas comenzó a ejecutarse en 1922. Las primeras moradas concluidas comenzaron a ser entregadas entre fines del 27 y comienzos del 28. Inspiradas en petit hoteles holandeses, se trataba de casas de 8,66 metros de frente por 8,66 de largo (algunas, con un poco más de metraje).

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La yuxtaposición de las viviendas que forman tiras, y la particular relación ancho-alto del espacio urbano público dieron lugar a la configuración de “la calle corredor”, donde las hileras de árboles hoy otorgan escala peatonal y un perfil de fachada ordenado y continuado.

La crisis del 30

La crisis mundial de la década del 30 se hizo sentir en la Compañía de Construcciones Modernas, que aportaba fondos para la construcción de las viviendas. En 1934, dicha empresa resolvió retirar sus aportes. Así, las casas quedaron a cargo, en su totalidad, de la Municipalidad. Así, los compradores debieron firmar un nuevo contrato, el cual respetó los importes ya abonados pero fijó un nuevo valor a las cuotas. Según cálculos extraoficiales, hacia 1941 se habían construido 5.000 casas en todos los barrios, de las cuales 3.123 habían sido adjudicadas y 1.815 arrendadas. Otra fuente documental habla de 4.097 casitas construidas, sobre una base pensada de 10.000.

Baratas, nunca

Si bien siempre fueron conocidas como “casas baratas”, nunca lo fueron. Al principio fueron administradas por el Banco Holandés; las cuotas eran de 85 pesos para las ubicadas en esquinas; las contiguas a esquinas tenían cuotas de 55 pesos, y las restantes, de 62 pesos. La cantidad de dinero abonado en concepto de interés era enorme. Si se tiene en cuenta el plazo prefijado de 30 años, las casas debieron terminar de pagarse al finalizar la década del 50, habiendo abonado por cada vivienda un total de 22.300 pesos (si se toma como base el valor original de 13.500). Sin embargo, a partir de relatos de algunos vecinos y tras cotejar viejas libretas de aportes, ese valor se incrementó, ya que las cuotas no fueron fijas.

Varela-Bonorino: dos barrios en uno

Las tierras donde se construyó el Barrio Varela, en Flores, pertenecían a los herederos de Juan Treglia y Franco. Durante muchos años funcionó allí la quinta Santa Clara, que proveía de verduras a la zona. Era una zona de campo, a un kilómetro de la basílica y de la plaza del barrio fundado en 1806.

El arquitecto Eduardo Gábor, miembro de la Junta de Estudios Históricos de San José de Flores, en uno de sus artículos sobre el tema sostiene: “La zona estaba regada por las aguas del arroyo que corría zigzagueante por los actuales pasajes Robertson, Fabré y Nepper y que hoy, entubado, corre por Rivera Indarte. De esta manera, podemos comprobar la existencia del arroyo al viajar en el subte E. A partir de la estación Varela hacia el centro, apreciamos que desciende en una suave pendiente y luego de transpuesto, este obstáculo inicia su descenso hasta nivelarse”. El predio anteriormente mencionado no fue ocupado en su totalidad, dado que los frentes de los lotes que dan a Varela fueron vendidos a particulares.

De este modo, los límites precisos del Barrio Varela son: avenida Eva Perón, Nepper, Santander, Rivera Indarte, Navarro Viola, Asamblea, Ramón y Cajal, Zuviría y Renán. En total, 30 manzanas.

El 16 de abril de 1924 se sortearon los primeros cien propietarios y al año siguiente, en una ceremonia oficial a la que asistió el intendente Martín Noel, se entregaron las llaves a sus nuevos dueños. Para este fin, se levantó un palco en la esquina de Rivera lndarte y Zuviría, y se acuñó una medalla con la imagen de una casita en cuyo reverso se lee: “Homenaje a la Junta Central de Barrios. Ordenanza Municipal de 2-8-22. Los adquirentes. Buenos Aires, MCMXXX”, con la firma del célebre artista Gotuzzo & Pianna. A partir de 1939 se iniciaron los trabajos de pavimentación de los pasajes interiores y las calles adyacentes. Los nombres de sus calles son homenaje a escritores, periodistas, poetas, matemáticos, médicos y personalidades que trabajaron por la paz. Desde 1924, en el Barrio Varela se construyeron 650 casas (Circunscripción 1, Sección 44, Plancheta catastral 252) y el origen de los fondos fueron de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.

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Barrio Bonorino

El Barrio Bonorino se encuentra en la zona de Flores donde todos los vecinos quieren vivir. Muy cerca de la Plaza Misericordia, también de la avenida Directorio y de la estación Carabobo del subte A, este barrio crece constantemente también por su limpieza, cuidado y por ser eminentemente residencial.

Los límites actuales de la zona pertenecían a lo que fue la Quinta de los Stegmann, cuyos mojones y cercos delimitaban los terrenos comprendidos entre las actuales avenida Eva Perón, Rivera Indarte, Francisco Bilbao y Esteban Bonorino.

Según los nostálgicos, su casona fue motivo de curiosidad, y hasta se dice que hubo un baile en el que participó Juan Manuel de Rosas con su hija Manuelita. Esta zona se mantuvo en estado semi-rural por muchos años, al igual que el Barrio Varela. Sus veredas son angostas, de 1,70 metro, y la arboleda conserva aún ejemplares gigantes de plátanos y paraísos de 1930.

Organizadas las cuadras en “manzanas tallarín” (de longitud normal pero de unos 20 metros de ancho), agrupadas las casas de a cuatro, en terrenos de 10 varas cuadradas (de 8,66 x 8,66 metros), lo exiguo del lote hacía necesario construirlas en dos plantas unidas por una hermosa escalera de madera con barandas torneadas: poseen cocina, baño, comedor, un dormitorio y patio en la planta baja, un dormitorio pequeño a medio nivel y dos dormitorios en la planta alta.

La manzana tipo tiene 17 metros de ancho entre las dos líneas de edificación y la longitud es variable, pero predominan los 120 metros. Por su parte, el ancho de los pasajes es de 9 metros entre líneas de edificación, mientras que las calles más anchas (por ejemplo, Rivera Indarte o Membrillar) tienen 17 metros.

Lamentablemente, la autopista rompió el barrio, armó paredones, hizo más insegura la zona y lo dividió aún más con sus vecinos del Barrio Varela, anteriormente separados por la importante Avenida del Trabajo (hoy, avenida Eva Perón). En el Barrio Bonorino, a partir de 1926, se construyeron 902 casas (Circunscripción 5, Sección 48, Plancheta catastral 253, Zonificación U3) y el origen de los fondos provino de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.

Frentes

Según cuenta nuestro director, Roberto D´Anna, en su libro “Vivir en una casita Ex Municipal de Flores”, “todos los frentes parecen iguales, pero en realidad no lo son, partir de lo observada en algunas cuadras relevadas. Existen casas prácticamente mellizas, aunque construidas a seis o siete cuadras de distancia una de la otra. El frente básico estaba constituido por una ventana amplia en uno de sus costados en forma vertical, en su mayoría con rejas y celosías; una puerta cancel con miradores a su costado o en el centro; la claraboya del baño en la parte superior; las ventanas de la habitación del primer descanso y de uno de los dormitorios. Este esquema de frente ha ido variando, dependiendo de la cuadra y la zona. En muchas de estas casas existe un caño de desagüe a la vista, de origen holandés. El umbral de entrada a la vivienda bajo puerta era de mármol de Carrara de 4 centímetros de espesor”.

De un metro de ancho, el pasillo comunicaba la entrada con el patio interior. Desde allí se ingresaba el carbón y la leña, y también se usaba como una entrada alternativa. El hecho de agrupar cuatro unidades de vivienda en un solo paquete constructivo permite el aprovechamiento compartido de los muros.

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