El comercio de Flores llega a su día con ventas por el piso y alquileres que igual no alcanza a pagar
En Flores, la caída de ventas golpea a los comercios pese a que los alquileres bajaron: los números igual no cierran.

Hoy es el Día del Empleado de Comercio, pero en Flores el sector llega a la fecha con poco para festejar. El diagnóstico que hizo a Infobae Diego Nayguz —administrador de una galería de 16 locales en la esquina de Concordia y Bogotá— coincide punto por punto con lo que ya habíamos registrado en la nota sobre Rivadavia en alquiler: “Hay días que los locales no abren caja”, contó.
Cuando reconstruimos el panorama de Rivadavia, un especialista inmobiliario local nos había dicho algo parecido a lo que hoy repite Nayguz sobre su galería: que la vacancia real no se parece en nada a la cifra oficial. En aquella nota, la cifra que circulaba era del 2%, mientras que en el barrio se hablaba de “la vacancia más alta de los últimos quince años”.
Ahora, el último relevamiento de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) achica esa brecha entre percepción y estadística: los locales vacíos en las principales avenidas porteñas subieron 4% interanual en julio y agosto, y Avellaneda —no Rivadavia esta vez, pero la misma lógica de barrio golpeado— figura entre las avenidas con retroceso. A nivel nacional, las ventas minoristas pyme relevadas por CAME acumulan una baja del 2,4% en los primeros ocho meses del año.

Lo que describe Nayguz sobre su galería también repite un patrón que ya habíamos visto en Rivadavia: las galerías, decíamos entonces, atraviesan su peor momento, con expensas altas y poco tránsito de gente con ganas de comprar. Nayguz le pone números a ese cuadro: alquileres de entre 200 mil y 600 mil pesos mensuales —que, aclaró, bajaron “tremendamente” frente a la crisis de los inquilinos—, un sueldo que ronda el millón de pesos y una factura de luz de la galería que, según la época del año, va de 700 mil a 1,5 millones de pesos. La rebaja del alquiler no alcanza a compensar la caída de ventas.
Nayguz comparó el momento actual con la crisis de 2001, aunque marcó una diferencia central: “Durante el corralito se seguía vendiendo. Ahora abrís la persiana y no se vende.”
Para él, la explicación pasa más por la falta de poder adquisitivo que por la migración al comercio online —algo que también matizábamos en la nota de Rivadavia, donde el fenómeno no era tanto “todo se compra por internet” sino que el local físico funciona como probador antes de comprar en Mercado Libre. Nayguz sumó, además, un factor propio de Flores: las restricciones para el ingreso de micros con compradores desde La Salada, que ahora deben bajar en una terminal y trasladarse hasta el barrio en auto o taxi, sin garantías de conseguirlo, porque algunos conductores rechazan el viaje cuando los pasajeros llevan bultos.
Pese al panorama, el administrador de la galería remarcó que, por ahora, ningún local se fue: “No se fue nadie.” Dijo que negocia con los inquilinos que atraviesan dificultades para evitar que bajen la persiana en forma definitiva — el mismo esfuerzo que, según lo que venimos registrando nota tras nota, sostiene hoy buena parte del comercio de Flores.





