Flores de Cemento: ¿Por qué los grandes locales eliminan los árboles de sus veredas?

Basta caminar por Rivadavia para notar el patrón: veredas nuevas, vidrieras inmensas y planteras tapadas. Mientras los vecinos reclaman más verde, los grandes comercios parecen librar una batalla silenciosa contra la sombra. ¿Casualidad o estrategia de marketing?

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Caminar por el centro comercial de Flores, especialmente sobre la Avenida Rivadavia y sus adyacencias, se ha vuelto una experiencia cada vez más gris y calurosa. Entre el ruido de los colectivos y la contaminación visual de la avenida, hay una ausencia que grita: faltan árboles. Y no es que falten porque nunca estuvieron, sino porque parecen haber sido borrados del mapa.

Cualquier vecino atento puede notar el patrón. En los frentes de los grandes locales —cadenas de electrodomésticos, bancos, indumentaria masiva— las veredas lucen impecables, con baldosas nuevas y rampas reglamentarias. Pero hay un detalle que se repite: no hay planteras. El cuadrado de tierra donde debería crecer un árbol ha sido prolijamente cementado y baldosado.

ecinos denuncian que las grandes marcas tapan las planteras con cemento para priorizar la visibilidad de sus vidrieras, eliminando el arbolado histórico.

La teoría de los vecinos

“Es matemático: local que se renueva, árbol que desaparece”, sostienen los vecinos más antiguos que han visto la transformación del barrio. La sospecha es que, para las grandes marcas, el árbol no es un pulmón verde ni un generador de sombra, sino un “obstáculo visual” que tapa la cartelería o la vidriera.

Si uno revisa el Censo de Arbolado de la Ciudad o busca fotos antiguas de Flores, la diferencia es abismal. Donde antes había plátanos o tipas dando sombra, hoy hay sol pleno pegando contra el blindex. ¿A dónde fueron esos ejemplares?

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El caso testigo: la “cuadrilla fantasma”

Que los árboles “molestan” a ciertos comercios dejó de ser una teoría conspirativa para convertirse en una realidad palpable hace pocos días. El caso de la tala ilegal en Bonifacio y Bonorino es la prueba más burda de esta lógica.

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Allí, aprovechando que el comercio estaba cerrado por vacaciones, una supuesta cuadrilla —que resultó ser falsa e ilegal— taló un árbol sano de cuajo. Sin permiso, sin expediente y sin razón fitosanitaria. La única explicación posible queda a la vista: despejar el frente para que el local se vea mejor.

¿Visibilidad o calidad de vida?

El incidente de Bonifacio no es un hecho aislado, es un síntoma. Mientras el Gobierno de la Ciudad habla de “Bosque Urbano”, en las zonas comerciales de Flores impera la ley de la visibilidad total.

La pregunta que queda flotando en el aire caliente de Rivadavia es simple: ¿Quién controla que, al remodelar una vereda, se respete el espacio del árbol? Porque tapar una plantera con cemento no es una reforma edilicia, es robarle aire al barrio. Y a juzgar por cómo están las veredas del centro, esa batalla la está ganando el cemento por goleada.

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