La época dorada de Flores: boliches, cines y confiterías de los 70, 80 y 90

Un recorrido nostálgico por los boliches, cines y confiterías que hicieron de Flores el epicentro de la noche porteña. De Bamboche a The End y Tarot.

“¡No se olviden de Bamboche! Yo me venía desde Palermo a reservar la mesa a la mañana para el sábado a la noche”. El comentario, dejado con nostalgia por una vecina en una publicación en redes sociales, resume a la perfección lo que alguna vez fueron las noches del barrio. Es que, unas décadas atrás, Flores no era un barrio más de paso: era el epicentro indiscutido de la movida porteña.

Durante los años 70, 80 y 90, miles de personas de toda la Capital Federal y el Conurbano bonaerense viajaban religiosamente hasta estas calles para disfrutar de un ecosistema de entretenimiento que no tenía nada que envidiarle al centro. Sus boliches, bares, billares, cines y confiterías convertían a la Avenida Rivadavia en un río de neón que nunca dormía.

Un recorrido nostálgico por los boliches, cines y confiterías que hicieron de Flores el epicentro de la noche porteña. De Bamboche a The End y Tarot.

Los cines históricos de Flores que marcaron a una generación

Antes de que existieran los multicines en los shoppings, el barrio contaba con un circuito de salas de proyección que funcionaban como el principal punto de encuentro familiar y adolescente.

La avenida albergaba gigantes como el San Martín (entre Pedernera y Varela), el Cine Teatro Flores (donde hoy funciona un local de comidas rápidas, entre Gavilán y Granaderos), el San José de Flores (Rivadavia y San Pedrito) y el lujoso Cine Pueyrredón (al 6800), un ícono arquitectónico. A estos se sumaban salas clásicas como el Cine Rex (Artigas, entre Rivadavia y Yerbal), El Coliseo (Bonorino 36) y el Continental (Carabobo casi Av. del Trabajo).

Mención especial merecen dos lugares que terminaron mutando: el Cine Minerva (Rivadavia 7428), conocido popularmente por los jóvenes de la época como “La Piojera”, que luego le daría paso a la disco The End; y el ex Cine y Teatro Fénix (Rivadavia 7802), que mutaría al boliche Retro y hoy sobrevive como El Teatro Flores. De todos aquellos templos que supo tener la zona, en la actualidad solo el Atlas Rivera Indarte queda en pie, habiendo sido refaccionado para adaptarse a los nuevos tiempos.

Confiterías clásicas: tardes de té, traje y corbata

En cuanto a confiterías, el barrio ofrecía opciones para todos los gustos. Se podía tomar un té con masas finas en La Perla de Flores (Rivera Indarte y Rivadavia), o visitar La Londres (Boyacá y Rivadavia), el lugar obligado donde los muchachos iban a sus citas de traje y corbata. Justo enfrente, la competencia se daba en La Copla de Flores.

Para los más “pitucones” —según el recuerdo de los propios vecinos— la opción era Sinatra, ubicada en Rivadavia entre Membrillar y Bonorino. Otros preferían admirar las grandes columnatas y techos altos de La Chiogna (Rivadavia y Gavilán). El mundo del espectáculo local también tenía su espacio: la mítica confitería Azteca (Rivadavia y Gavilán) fue el escenario donde Sandro filmó parte de su película “¡La vida continúa!”, mientras que los actores Emilio Comte y Silvia Merlino regenteaban el recordado Café La Subasta en Membrillar y Rivadavia.

Pizzerías, pool y fichines: la previa de la juventud florense

La noche no arrancaba sin una buena porción de muzzarella o una partida en los paños verdes. Las pizzerías tenían un lugar bien ganado en la identidad del barrio. La Cuyana (Fray Cayetano y Rivadavia) es aún venerada por tener, según los nostálgicos, la mejor sopa inglesa de la zona. Se le sumaban pesos pesados como Citadella con su pizza por metro en Juan B. Justo y Argerich; La Génova (Varela y Av. Eva Perón); el inconfundible El Tuñín a la vuelta; La Florinda (Artigas, frente a la plaza); y El Odeón (actual Kentucky) en la esquina clave de Pedernera y Rivadavia.

Justamente arriba de El Odeón funcionaba uno de los espacios donde la juventud se juntaba a jugar al billar. El circuito de entretenimiento se completaba con los famosos Billares de los hermanos Navarra (Yerbal, entre Artigas y Fray Cayetano); el pool Duncan (Rivadavia y Gavilán); Amadeus —antes Bowling Center— que mezclaba karaoke, disco y canchas en Rivadavia y Quirno; y los eternos “fichines” de Dinos en Nazca y Rivadavia.

Un recorrido nostálgico por los boliches, cines y confiterías que hicieron de Flores el epicentro de la noche porteña. De Bamboche a The End y Tarot.

El estallido de la noche: Los boliches míticos de los 80 y 90

Si bien Flores vivió un esplendor nocturno en los 60 y 70, la explosión definitiva de las megadiscos y pubs temáticos se dio entre finales de los 80 y toda la década del 90.

Uno de los pioneros más recordados es Bamboche, en la esquina de Rivadavia y Culpina. Un mito de la zona oeste que con el tiempo debió reciclarse para dar paso a la movida tropical, rebautizado como La Puerta del Sol. En esos años también brillaban pistas como Musikats (Rivadavia y Condarco) y Ateneo (Gaona y Donato Álvarez), un lugar donde era frecuente cruzarse a figuras de la televisión como Chasman y Chirolita.

Un recorrido nostálgico por los boliches, cines y confiterías que hicieron de Flores el epicentro de la noche porteña. De Bamboche a The End y Tarot.

En 1989 se inauguraba The End (Rivadavia 7428) sobre las bases del antiguo cine Minerva. Con capacidad para 2500 personas, esta disco significó el resurgimiento definitivo de la noche en la zona. Las veredas rebalsaban de adolescentes que pivotaban entre The End, las eternas maratones bailables de Retro, Evelyn (Rivadavia 7425), Tabasco (José Martí 17) y la clásica rivalidad entre Clearing (Rivadavia 7467, luego The Loft) y la histórica disco Tarot (Rivadavia y Quirno), que supo resurgir de sus cenizas en 1995 tras un feroz incendio ocurrido siete años antes.

Para los que escapaban de la música comercial, la oferta era inmensa. Apocalypse era el templo de los metaleros en Falcón y Varela; Nueva Roma y Mais Um (para bailar brasilero) copaban la esquina de Alberdi y San Pedrito; mientras que Rango y Madrid Rock (luego Chamarro) aglutinaban a los rockeros en Rivadavia y Argerich.

El circuito de bares con personalidad incluía el Bar Rojo (Gavilán casi Yerbal); Quitapenas (“para cuando se terminaba la plata”, en Rivadavia y Nazca); La Naranja Mecánica (Rivadavia y Bonorino); y Babieca, inconfundible por la cabeza de bruja en su frente sobre Artigas y Bogotá. La lista sigue con El Castellet de París (Falcón y Camacuá) con pub abajo y shows arriba; el pub Kishers (San Pedrito y Directorio); Tourbillon (San Pedrito y Rivadavia); el fonobar El Granero (Gavilán y Yerbal); el bar Nitrox (Rivadavia y Portela); el clásico Club Rivadavia para milonguear; MB en Quirno; y el imperdible video bar After Eight, famoso por sus cómodos sillones en Rivadavia y Terrada.

Un recorrido nostálgico por los boliches, cines y confiterías que hicieron de Flores el epicentro de la noche porteña. De Bamboche a The End y Tarot.

El recuerdo vivo en el Museo Barrio de Flores

Hoy casi nada queda en pie de esa arquitectura nocturna. Las fachadas cambiaron, los boliches cerraron y el silencio le ganó a la música. Sin embargo, esa época de esplendor no desapareció del todo. La nostalgia de las “noches top” encontró un refugio físico en el Museo Barrio de Flores, donde actualmente se conservan celosamente las tarjetas de invitación originales de los boliches, los afiches de los cines y fotografías inéditas que mantienen viva la memoria de cuando la Avenida Rivadavia era la dueña indiscutida del fin de semana.

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Flores de Papel | El periodico de San José de Flores

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