Muchísima basura en Flores
El desborde de los contenedores dejó de ser un problema de falta de educación vecinal para evidenciar una falla burocrática. Detrás de la suciedad que los frentistas esquivan cada mañana, opera un desfasaje estructural avalado por los propios contratos: una brecha de más de 12 horas entre la exigencia cívica de sacar la basura y el horario en que la empresa recolectora la retira.

La contradicción expone una doble vara institucional. Por un lado, el Gobierno porteño instruye y exige a los vecinos que respeten una franja horaria estricta para depositar sus residuos en los contenedores negros: de 19:00 a 20:00 horas. El ciudadano que busca cumplir con la norma, lo hace. Sin embargo, el camión recolector ya no pasa durante la noche.
La raíz de esta anomalía está documentada. Se remonta a la letra chica de la última gran licitación pública del servicio de Higiene Urbana, cuyos pliegos entraron en vigencia plena en 2014. Aquel rediseño dividió la Capital en zonas operativas y otorgó a las empresas concesionarias la potestad de flexibilizar su logística. En nombre de la “optimización de rutas y recursos”, se habilitó un esquema de recolección diurna en varios barrios. Flores fue uno de los que quedó atrapado en ese cambio.
El resultado es un embudo sanitario previsible y matemático. Al operar bajo el esquema diurno que el pliego permite, los camiones pasan a vaciar los recipientes a la mañana siguiente o, en numerosas ocasiones, recién al mediodía.
Durante esas 12 a 15 horas de abandono, los residuos quedan a merced del entorno. Es la ventana de tiempo perfecta para que las bolsas sean manipuladas, para que los desechos orgánicos fermenten —agravando los olores con las altas temperaturas— y para que se consoliden focos infecciosos y de roedores en plena vía pública. Y en otros casos, un contenedor por cuadra, no alcanza.
Exigirle al vecino que deposite sus residuos a las 19 horas para que la empresa concesionaria los retire a media mañana del día siguiente es, en la práctica, condenar a las cuadras de Flores a funcionar como un depósito a cielo abierto durante toda la madrugada. Mientras las normativas de la licitación sigan a contramano de las obligaciones que se le imponen al contribuyente, ninguna campaña de limpieza barrial podrá resolver el problema de fondo.





