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Lutero y el clavo que cambió el destino del cristianismo

Lutero no contaba con Facebook, ni ninguna otra red social, no había muros digitales, pero en su lugar utilizó las puertas de la iglesia del Palacio de Wittenberg para clavar sus famosas 95 Tesis que reunían su creencia religiosa.

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Pastor Justo Janse

Lutero no contaba con Facebook, ni ninguna otra red social, no había muros digitales, pero en su lugar utilizó las puertas de la iglesia del Palacio de Wittenberg para clavar sus famosas 95 Tesis que reunían su creencia religiosa. Esto sucedió el 31 de octubre de 1517. A raíz de este evento se suscitaron algunas controversias revisionistas teniendo como protagonistas a eruditos que cuestionan la veracidad del hecho, por no existir evidencias materiales contemporáneas. Otros sin embargo han argumentado señalando que la acción de clavar los escritos en la puerta era la manera acostumbrada de anunciar acontecimientos en el campus universitario de aquella época en que las puertas de las iglesias oficiaban como modernos tablones de anuncios. Por otra parte, las puertas originales del Palacio fueron consumidas a raíz de un incendio, que tuvo lugar en 1760.

¿Alguna vez se preguntó qué pasó con el clavo con que Lutero clavó las 95 tesis? ¿O de qué tipo era el papel? No lo creo. Lo trascendente es que así comenzó un debate teológico que desembocó en la Reforma y el nacimiento de varias tradiciones dentro del cristianismo, tales como el luteranismo, el presbiterianismo y el anabaptismo (de allí los bautistas).

Cuando lo secundario ocupa un primer plano, el árbol nos tapa el bosque. Perdemos de vista lo esencial. A nadie le interesa saber de qué raza era el burro que montaba Jesús cuando llegó a Jerusalén en su entrada triunfal, sino recordar y significar lo que realmente allí sucedió.

Durante siglos anteriores a la Reforma, la veneración a las reliquias sagradas había constituido un elemento importante en el culto católico. Se creía que los objetos utilizados por Jesús, la virgen o los santos poseían una virtud curativa y protectora para quienes las tocaban o se ponían en su presencia.

La iglesia del Palacio de Wittenberg era el lugar donde se guardaba una de las colecciones individuales de reliquias más grandes de Europa, acumuladas por Federico III, príncipe de Sajonia. De acuerdo a estas creencias (que posteriormente fueron refrendadas por la Iglesia católica en el Concilio de Trento), su contemplación otorgaba méritos al espectador, de modo que podía recibir la absolución del castigo por sus pecados en el purgatorio. Hacia 1509, el príncipe elector llegó a poseer alrededor de 5.005 piezas, incluyendo, por ejemplo, la cabeza de Juan el Bautista, paja del pesebre donde nació Jesús y el cadáver entero de uno de los inocentes masacrados por orden de Herodes el Grande. Estas reliquias eran mantenidas en relicarios (recipientes artísticos labrados sobre todo en plata dorada) y exhibidos una vez al año para que los fieles las venerasen.

En 1509, cada devoto visitante que hizo alguna donación para el sustento de la Iglesia del Palacio recibió una indulgencia de cien días por cada reliquia. ​ Antes de 1520, la colección de reliquias del Elector había aumentado hasta las 19.013 piezas, lo que permitía a los devotos peregrinos que donaran a la Iglesia del Palacio recibir una indulgencia que reduciría su tiempo en el purgatorio por 1,9 millones de días.
Hubo otros clavos famosos, los que fueron utilizados para la cruz, no dejando de ser una reliquia tantos los clavos, como las astillas de la madera de la santa cruz.Otra vez aquí se puso enl énfasis en los elementos utilizados y no en quien y para qué ocupó la cruz: Jesús, el Hijo de Dios, que según Juan 3:16 de la Biblia afirma que: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16). Jesús es el precio de lo que vales para Dios.
En estos tiempos que las cosas valen más que las personas; también la Biblia requiere otra resignificación. No es un fetiche que trae suerte. No sirve leerlo como un simple libro de historia o poesía. Es un medio para escuchar la voz de Dios. Requiere un corazón atento que busca anhelante la presencia de Dios.
Dice el Salmo 119:9 “¿Cómo puede el joven llevar una vida íntegra? Viviendo conforme a tu palabra.” Y en el versículo 11 añade: “En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti.”
Por lo tanto, su lectura debe afectar nuestra voluntad; en el Salmo 119:105 lo afirma: “lámpara es a mis pies tu Palabra…” (para las decisiones de día a día) “…y lumbrera en mi camino” (para las resoluciones más importantes en que dirigimos toda vida).

Lutero encontró en las páginas de la Biblia la solución a su inquietud espiritual: “El justo vivirá por fe” llegando a ser el lema de la reforma.

¿Qué tan importante crees que eres? Tu valor radica en haber sido creado por Dios y perdonado en nombre de Jesús para vivir de acuerdo a su propósito. Eres un medio que Dios puede usar. Dios te necesita más que Lutero a su clavo para exhibir su mensaje. Somos cartas leídas por todos los hombres; pero, ¿qué dice nuestra vida? Somos el perfume de Jesús… ¿acaso no se debe quebrantar el frasco y derramar para que se perciba su esencia? Somos vasijas de barro; pero, hay un tesoro de Dios en nosotros: es la presencia de su Santo Espíritu; que convierte todo nuestro frágil ser, en su templo; y, cada sencillo acto, en adoración.

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