Los Hospitales de Flores
Son dos instituciones que llenan de prestigio a nuestro barrio, con profesionales nobles que dan todo por el vecindario.

Hace más de 150 años, Buenos Aires entraba en pánico por la mayor epidemia de fiebre amarilla. No se sabía que la infección era causada por un virus, ni tampoco que la transmitía un mosquito -el Aedes aegypti, que también transmite el dengue-. Los primeros casos se detectaron el 27 de enero de 1871. Y la epidemia fue aplastante: murió el 8% de la población porteña. Fue en este marco de desesperación que comenzó a funcionar lo que sería el primer espacio en el pueblo de Flores para atención médica, un lazareto sobre el camino de Gauna (hoy Avenida Gaona).
La Municipalidad había acordado dos años antes la instalación de esta pequeña casa de socorro, proyecto que finalmente se vio concretado debido a la gran cantidad de personas que dejaron el centro de la ciudad para refugiarse de la peste en esta zona de quintas. Tal era la invasión de porteños que en un solo día, el 2 de marzo de 1871, cuatro mil familias llegaron en el ferrocarril Oeste huyendo de la peste. En estas circunstancias tuvo una destacada actuación el doctor Manuel Vicente Soriano, establecido en Flores desde 1835 y considerado el primer médico del pueblo. Una vez desaparecida la epidemia, se suprimió el lazareto.
Dos años después, en ese mismo lugar, gracias a las damas de la Sociedad de Beneficencia de San José, comenzó a funcionar el Hospital de Caridad. La habilitación del mismo tuvo lugar el viernes 29 de junio de 1877 con una fiesta a la que asistió el gobernador de la provincia Dr. Carlos Casares y contó con la dirección del doctor Juan Antonio Kelly, quien ofreció prestar servicios de manera gratuita durante un año, con la ayuda de algunas hermanas de caridad. Ese día ingresaron los primeros diez pacientes.
El establecimiento era gratuito solamente para los enfermos indigentes, casi siempre enviados por la corporación municipal; los demás abonaban cien pesos por derecho de internación y diez diarios para gastos de atención. Pero a pesar de que las damas recaudaban fondos con conciertos, rifas y ferias, los recursos de la Sociedad eran limitados; por lo que lograron obtener una subvención municipal, cuyo cobro solía siempre atrasarse y ser dificultoso.
Entonces surgieron problemas entre los municipales y la comisión directiva hasta el punto que los primeros practicaron inspecciones para demostrar que no se cumplía la misión caritativa en la atención hospitalaria. A pesar de todo, el hospital San José subsistió precariamente hasta 1880, año en que se suprimió la subvención.

La construcción del Hospital Álvarez
Para 1895, la necesidad de la construcción de un hospital era insoslayable, pero los proyectos, demorados por las alternativas económicas del municipio, concluyeron exitosamente recién dos años después. Durante la administración del intendente municipal Francisco Alcobendas y siendo Director General de la Administración Sanitaria y Asistencia Pública el Dr. Telémaco Susini, se autorizó la compra de la manzana comprendida entre las calles Bolivia, San Eduardo, Condarco y Morón, a Luis Sguerzo a muy bajo precio para construir allí el “Hospital Vecinal de Flores”, hoy Hospital Dr. Teodoro Álvarez. A esta manzana se le añadiría posteriormente la lindera integrada por las calles Condarco, Terrada, San Eduardo y Morón.
En abril de 1900 el Director General de Asistencia Pública Dr. Rodolfo de Gainza autorizó el traslado del Hospital Vecinal a la calle Camacuá 68, que ofrecía más comodidades para los enfermos, y se lo proveyó entonces de la primera ambulancia –un carruaje a caballos- que tuvo la zona oeste de la Capital Federal.
Finalmente en 1898 la empresa constructora Andrés Vannelli e hijos comenzó a levantar los pabellones del establecimiento con frente a la calle San Eduardo (hoy Juan F. Aranguren) 2701, y el 16 de mayo de 1901 quedó habilitado como Hospital de Flores con el doctor Aranguren como primer director. En ese momento el hospital contaba con cuarenta camas, pero en conjunto tenía para instalar 200 en los cuatro pabellones. Fueron sus primeros médicos de salas (ad honorem) los Dres. Telémaco Susini, Rafael Serrano, Antonio Ibarguren y Julio Hansen.
El legado del millonario Parmenio Teódulo Piñero
Por otro lado, hasta mediados de la segunda década del siglo XX, Flores Sur no contaba con ningún centro asistencial y hasta entonces los pobladores debieron trasladarse hacia otros barrios cuando necesitaban un médico.
El Bajo Flores, que a partir de los años siguientes comenzó a incrementar su población, reclamaba la construcción de un centro de salud. En este marco, la zona recibiría -sin proponérselo el donante- el benéfico legado del millonario Parmenio Teódulo Piñero, descendiente de una familia poseedora de grandes extensiones de terrenos en la ciudad de Buenos Aires. Nacido en la Argentina y bautizado en la iglesia de San Miguel, cabe aclarar que no era médico, ni tampoco poseía tierras en el Bajo Flores.
Vivía de rentas en su cómoda casa de Corrientes 633, rodeado de obras de arte. Allí falleció el 18 de mayo de 1907, a los 67 años, luego de un cuadro de arterosclerosis generalizada. Nunca se había casado y por parte de su madre, Plácida Gamas, tenía vínculo con Flores, ya que su familia materna era propietaria de una lujosa quinta la norte del pueblo.
En su testamento ológrafo redactado en noviembre de 1905, en su cláusula 3°, dispuso legar parte de sus bienes a la Municipalidad para emplearlos en la construcción de un hospital que llevara su nombre. El 1° de junio de 1908 se inició la sucesión de Piñero, trámite que demandó más de cuatro años. El legado para construir el hospital ascendió a la suma de 2.114.881,56 pesos.
Mientras se sustanciaba la sucesión, las autoridades se abocaron a la búsqueda de un lugar donde construir el hospital. En 1908 fue adquirido un terreno ubicado en las calles Nazca, San Eduardo, Terrada y Morón. Y a pesar de que ya existía el Hospital Álvarez en la manzana vecina, se confeccionaron los planos y en 1910 debió haber comenzado su construcción. Pero una ordenanza de junio de 1913 revocó tal decisión y autorizó al departamento para destinar a la construcción del hospital Parmenio Piñero “la superficie necesaria que tomará del terreno municipal comprendido entre las calles Lafuente, Balbastro, Varela y Crisóstomo Álvarez”.
Fue así que el 18 de abril de 1915 se colocó la piedra fundamental del edificio bendecida por monseñor Mariano Espinosa. En enero de 1916 se llamó a licitación pública para su construcción y resultaron adjudicatarios de distintas obras los señores Gentile, Tavoletti, y Ballaratti. Finalmente, el hospital Parmenio Piñero fue inaugurado sin terminar en Varela 1301, el 9 de septiembre de 1917, bajo la dirección del doctor Ricardo Spurr, quien también estaba al frente de uno de los servicios de cirugía.





