Apóstol del servicio: “Satur”, oración, confesión y formación
Falleció a los 98 años el sacerdote, Saturnino Redondo, que formó muchos curas vicentinos, entre ellos el Padre Opeka. Las palabras de despedida por el párroco del Santuario Nuestra Señora de Medalla Milagrosa.

Amor hasta el final fue Saturnino Redondo.
Justo en el Evangelio de este domingo 14 de junio, se revela que la cosecha es abundante, pero con pocos trabajadores. Entonces nos pide Jesús que recemos, oremos, para tener más trabajadores de Dios.
Un apóstol servidor del Señor y su santo pueblo fue “Satur”, así lo llama Carlos Javier González, el párroco del Santuario Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, frente al Parque Chacabuco pegado a la autopista del oeste, en la esquina de avenida Curapaligüe y Av. Asamblea.

“Jamás lo escuché dar excusas o negar recibir a alguien. Siempre estaba dispuesto para recibir o confesar a una persona. Estuve con él viviendo más de 20 años”, reveló el Padre Carlos Javier en misa de 11.30, y agregó a los fieles presentes: “Satur un verdadero apóstol al servicio. Que un mes antes de morir, a los 98 años, seguía confesando. Terminaba agotado. Exhausto. Al punto que me pedía dormir y luego almorzar”.
Este domingo mujeres, y hombres, lloraban por la partida física del Padre Saturnino. Una de esas mujeres estaba con su mano apoyada sobre la madera del confesionario, en el lateral izquierdo del Santuario, otros lloraban en los bancos ante la imponente imagen de la Virgen Medalla Milagrosa.
“Satur” era un español nacido el 29 de noviembre de 1927, ordenado sacerdote por la congregación de la misión el 13 de septiembre de 1953, que llegó al fin del mundo en el año ’55, para formar a los jóvenes en el seminario y luego a las mujeres en la vida religiosa. Entre ellos su más famoso seminarista, Padre Opeka, que transformó un inmenso basural en una ciudad digna en la isla africana de Madagascar.
“A las hermanas religiosas de la caridad que lo cuidaban este último tiempo les pedía que recen con él. Un hombre de oración y servicio que no desatendió lo social, al hermano más pobre”, sostuvo el Padre González en su homenaje del domingo.

Se unió la despedida de “Satur” con tres bautismos de jóvenes chicas hijas de inmigrantes. Una iglesia casi llena en todos sus bancos. Con cinco misas a lo largo de cada domingo en el Santuario donde con sus penas y alegrías van miles de peregrinos, porteños, bonaerenses y del resto del país, como migrantes, a los pies de Jesús y su madre, María.
Saturnino tenía su paralelo, el fraile capuchino, Luis Dri. Igual que él falleció a los 98 años, pero hace casi un año atrás, después de toda una vida gastada como apóstol del Señor, por la oración, la confesión y la formación de sacerdotes, pero desde otro imponente Santuario de la Ciudad de Buenos Aires, más al sur, Nuestra Señora del Rosario de Nueva Pompeya.





