
Vecinos en alerta por la venta del Ex Hospital Israelita al grupo IRSA
El Grupo IRSA compró el ex Hospital Israelita. Vecinos de la zona rechazan la construcción de torres y piden que el predio se destine a una plaza o centro de salud.
La confirmación llegó a través de la Comisión Nacional de Valores y encendió las alarmas en el barrio: el Grupo IRSA adquirió el predio del ex Hospital Israelita. El edificio, un gigante de más de un siglo de historia ubicado en Terrero y Gaona, fue comprado por la empresa de Eduardo Elsztain por una cifra cercana a los 7 millones de dólares.
Mientras la desarrolladora inmobiliaria proyecta “poner en valor” los 8.800 metros cuadrados del lote —una frase que en el mercado suele traducirse en viviendas y locales comerciales—, las organizaciones barriales advierten que el patrimonio histórico está en riesgo y que la fisonomía de la zona podría cambiar para siempre.
“No queremos torres, queremos vacantes y salud”
La preocupación movilizó rápidamente a la comunidad. Agrupaciones de Villa Santa Rita, junto a vecinos de Flores y Villa Mitre, comenzaron a organizarse para rechazar el destino inmobiliario del lugar. Entienden que la llegada del mayor grupo de bienes raíces del país no responde a las necesidades reales de quienes viven en las comunas 7 y 11.
En un comunicado conjunto, las organizaciones (Vecinos Unidos, Conciencia Urbana, Una Plaza para Santa Rita) señalaron: “El Israelita no es solo un negocio de IRSA. Es parte de la historia de la medicina porteña y de la identidad de nuestros barrios”.
Históricamente, los vecinos reclamaron que ese enorme espacio abandonado tuviera una utilidad pública. Los proyectos presentados en la Legislatura, que nunca fueron tratados, proponían:
- La creación de un espacio verde, vital para una zona densamente construida.
- Un Centro de Salud (CeSAC) para descomprimir la atención sanitaria.
- Una escuela secundaria, ante la falta crónica de vacantes en la región.
Crónica de un vaciamiento
El deterioro del Israelita lleva décadas. Tras la quiebra en 2003 y el esfuerzo de una cooperativa de trabajadores por mantenerlo activo, la Justicia ordenó el desalojo definitivo en 2017. Ese fue el golpe final: la Legislatura desafectó su uso público y preparó el terreno para esta “venta forzosa” que hoy deja el predio en manos privadas.
Con la escritura ya firmada, el reclamo vecinal cambia de estrategia: exigen que se frene la especulación. Piden que el edificio sea “estructuralmente respetado”, protegiendo los árboles añosos que lo rodean, y que se priorice el suelo absorbente por sobre el cemento.
La incógnita sigue abierta: ¿Se convertirá el viejo hospital en otro complejo de lujo ajeno a la realidad del barrio, o se escuchará el pedido de una plaza y servicios para la comunidad?





