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El Museo adquiere obras de Demetrio Urruchúa, uno de los pintores de la Galería San José de Flores

El Museo Barrio de Flores adquirió cuatro obras Demetrio Urruchúa que ahora se suman al patrimonio local.

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Escribe Nicolás Tatasciore

Como ya se ha comentado en este periódico, Flores es un barrio de artistas. Grandes nombres de la pintura nacional están vinculados con las calles florenses.

Muchos vecinos conocerán la historia de la famosa cúpula de la Galería San José de Flores, en Rivadavia 6836. La misma fue decorada por tres gigantes del arte argentino; Enrique Policastro, Juan Carlos Castagnino y Demetrio Urruchúa. Este último es el protagonista de esta nota, ya que el Museo adquirió recientemente cuatro obras suyas que ahora se suman al patrimonio local.

Este artista, originario de Pehuajó, nació el 19 de Abril de 1902.Ya desde pequeño demostró su talento para las artes plásticas. Si bien la leyenda dice que fue autodidacta, el pintor viajó a Buenos Aires y estudió en la Asociación Estímulo de Bellas Artes. Luego de ganarse su reputación como uno de los artistas más prominentes del panorama nacional, de forma paralela, se destacó en la docencia, siendo enemigo de la enseñanza académica y guía de grandes personalidades del arte.

Sin embargo su mayor reconocimiento se lo dio la decoración de la cúpula central de las Galerías Pacífico. Junto al ya mencionado Castaginino, Antonio Berni, Lineo Enea Spilimbergo y Manuel Colemeiro, trabajaron las alegorías de las cualidades humanas. Urruchúa pintó la fraternidad.

Su paso por nuestro barrio estuvo marcado por un trabajo similar. En 1956 ilustró parte de la galería San José de Flores. Allí Demetrio pintó al poeta Baldomero Fernández Moreno, vecino y amante de Flores. Hoy su vínculo con el barrio se afianza aún más con la reciente adquisición por parte del museo, de cuatro de sus obras. Dos de ellas son puntas secas de 1944 y pertenecen a una serie llamada “Canto a la Libertad” la cual es una alegoría metafísica de la lucha por esa libertad. Recordemos que Urruchúa fue un artista social que utilizó la pintura como arma, para luchar contra la injusticia, las dictaduras, y el horror de la guerra. Amó la vida e hizo un culto de la libertad y la democracia, lo cual se refleja en su pensamiento y en sus obras. Estrellas, columnas, garras de león y dagas son solo algunos de los símbolos que utilizó el artista.

Las otras dos piezas, una de 1944 y otra de 1962 tienen un carácter más naturalista. La primera es un retrato en donde se puede ver claramente la influencia de otros artistas argentinos sobre todo en la manera de construir el rostro y su expresión. Una joven con larga cabellera, tiene su mirada perdida en el horizonte ficticio. La última obra trata de una escena donde podemos ver tres personajes en actitudes completamente distintas. Llaman la atención aquellas niñas que corren con sus brazos en alto. Lo cierto, es que es imposible no ver la clara fascinación de Urruchúa por Picasso. El trazo utilizado en estas dos obras, recuerda mucho a los rápidos dibujos del artista español. Lo curioso de este último grabado es que aparece firmado dos veces ya que, seguramente, haya sido trabajado en dos momentos distintos.

Abraham Vigo, Juan Carlos Castagnino, Gustavo López Armentía, Lola Frexas, Guillermo Roux y ahora Demetrio Urruchúa. Poco a poco, el panteón de grandes figuras del arte nacional, se abre paso en el Museo Barrio de Flores. Al alcance de todos y con entrada libre y gratuita, el Museo brinda cultura, historia y memoria a uno de los barrios con más historia de Buenos Aires.

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