A 40 años de sus inicios, el Club Atlético Pico volvió a rodar la pelota: festejos, nostalgia y “justicia deportiva”
El potrero nunca se olvida. Este sábado, el Club Atlético Pico celebró sus 40 años de vida con un partido homenaje que reunió a varias generaciones. La cita fue en la Plaza Irlanda, el exacto lugar de potrero donde esta institución de raíces florenses —que tuvo su sede original en la esquina de Tandil y Pedernera— comenzó a escribir su historia.

El encuentro, que convocó a exjugadores, familiares y amigos bajo un clima de pura emoción, terminó con un vibrante 6 a 4 a favor del equipo vestido de verde y negro. Sin embargo, en esta clase de homenajes, el resultado en el tablero es lo de menos.
La jornada arrancó con una carga emotiva fuerte: el primer grito de la mañana fue de la joven Lucía D’Anna. Portadora de un apellido histórico para la institución y luciendo la camiseta azul y celeste, la jugadora abrió el marcador desatando el festejo de los presentes.

La experiencia y la nueva sangre
A lo largo del encuentro, el oficio y la garra suplieron el paso del tiempo. Incluso con algunos achaques y lesiones a cuestas, los históricos dejaron todo en la cancha. Sobre el final, la diferencia física la terminó marcando la sangre nueva: los hijos de los fundadores, quienes heredaron la pasión por los colores.
El momento de color de la tarde lo protagonizó el histórico capitán Fuscaldo. Haciendo valer su experiencia y su voz de mando, logró frenar un gol polémico apelando a un recurso inédito que bautizó como la “justicia deportiva”. “En más de 200 partidos nunca había mencionado algo así”, bromeó el capitán al finalizar el encuentro.
El festejo se cerró como marca la tradición: con un tercer tiempo de camaradería, repleto de anécdotas, recuerdos de la vieja sede de Flores y la promesa unánime de volver a juntar a la familia del Pico para celebrar el medio siglo.





