El Boulevard Bilbao y sus 100 guardianes: La magia de los Palos Borrachos en Flores Sur
Existe un sector en el sur de nuestro barrio donde el gris del asfalto pierde la batalla contra la naturaleza. Un corredor donde el tiempo parece detenerse entre formas caprichosas, lluvias de flores rosas y nubes de algodón.

Quien camina por el Boulevard Francisco Bilbao sabe que no está transitando una calle cualquiera. Está atravesando un museo a cielo abierto, una galería viva custodiada por un ejército silencioso y majestuoso: la colección de Palos Borrachos más imponente de la zona.
Se calculan en unos cien ejemplares los que bordean este paseo, creando una atmósfera que cambia radicalmente según la estación, regalando postales que parecen sacadas de un cuento.

Personalidades únicas
Lo curioso de este corredor verde es la diversidad dentro de la unidad. Aunque los vecinos más memoriosos cuentan que fueron plantados en la misma época, la naturaleza —sabia y rebelde— decidió que ninguno fuera igual al otro.
Basta con detenerse a mirar sus troncos para notar las diferencias. Algunos se estiran hacia el cielo, delgados y elegantes; otros ostentan esa famosa “panza” o forma de botella que les da su nombre popular, acumulando agua como reservas de vida. Sus cortezas, cubiertas de aguijones cónicos, funcionan como una armadura prehistórica que protege la delicadeza de lo que ocurre en sus copas.
De la lluvia rosa a la nieve urbana
El Boulevard Bilbao ofrece dos espectáculos teatrales al año, garantizando que este paisaje sea, efectivamente, único en la Ciudad.
Hacia fines del verano y principios del otoño, las copas estallan en un fucsia vibrante y rosado. Las flores, con su centro blanco y cremoso, caen lentamente cubriendo las veredas y el cantero central, creando una alfombra natural que muchos vecinos evitan pisar para no romper el encanto.
Pero la magia no termina ahí. Cuando la flor cumple su ciclo, llega el tiempo del fruto. Las vainas se abren y liberan la “paina”, esas fibras sedosas que parecen algodón. Es entonces cuando Flores Sur experimenta su propia nevada: copos blancos flotando en el viento, suavizando las aristas de los edificios y las calles.
Un patrimonio vivo
Más allá de su valor botánico, los Palos Borrachos de Bilbao son parte de la identidad del barrio. Son la sombra de las tardes de verano, el refugio de los pájaros que musicalizan la siesta y el fondo perfecto para las fotos de quienes descubren, a veces por casualidad, que la belleza urbana no siempre necesita de arquitectura, sino de raíces profundas.
Caminar por Bilbao es, en definitiva, una invitación a levantar la vista y agradecer que, entre tanto cemento, todavía existan estos gigantes amables cuidando el aire de Flores.





