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¡A las palabras se las lleva el viento!

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Escribe Sergio Lopéz (*)

¿Escuchaste alguna vez esta frase? “A las palabras se las lleva el viento”, es la manera en que algunos expresan su desconfianza ante lo acordado o prometido. Es como estar pensando: “no creo en lo que decís, ¡vos no sos confiable!”.

Sin ninguna duda, esta actitud surge de haber vivido situaciones en las que hemos confiado en alguien que nos falló. Luego de esto, nos cuesta creer, nos cuesta confiar; y las actitudes de auto protección a partir de la duda y el temor de ser traicionados, son totalmente comprensibles. De otro modo, podríamos pecar de ingenuos. Pero esas mismas actitudes, son innecesarias y se tornan en lamentables cuando las utilizamos en nuestro vínculo con Dios; cuando vivimos situaciones en las que creemos que lo prometido por Dios no aplica a nosotros, o peor, que lo que Dios nos promete es “verso”, o puro cuento.

Por ejemplo: sabemos que “a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28), que él prometió que “estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9), que aun en medio de la aflicción confiemos porque él ha “vencido al mundo” (S.Juan 16:33), y tantas otras cosas que Dios nos promete en relación a su amor, presencia, guía y cuidado; respecto de las cualidades de paz, bienestar, esperanza y victoria que tendremos para enfrentar nuestras circunstancias; de su poder eterno obrando a favor nuestro cada día; de sus planes de bienestar y victoria, etc.,… sin embargo, cuando algo no está resultando como creemos que debiera ser, nos desesperamos y dejamos de confiar… como si creyéramos que a las palabras y promesas de Dios “se las pudiera llevar el viento”, cuando en realidad lo que se llevó el viento fue a “nuestra fe”.
Pero en la carta de Santiago 1: 6 y 7 vemos algo muy interesante y bastante radical, dice que debemos: “…pedir con fe y sin dudar nada, porque el que duda es como las olas del mar, que el viento agita y lleva de un lado a otro. Quien sea así, no piense que recibirá del Señor cosa alguna”_; y en Números 23.19 dice que: _“Dios no es como los mortales: no miente ni cambia de opinión. Cuando él dice una cosa, la realiza. Cuando hace una promesa, la cumple” (Números 23:19).

Si, tal como lo leíste: Puede ser que no recibas lo que Dios podría hacer o darte, si lo dudás. Porque él no miente y siempre cumple. No se trata de que como venganza nos quite lo que nos promete, sino que su promesa contiene nuestra entrega en fe. Cuando dudamos de sus promesas dejamos de depender de él, y entonces empezamos a obstaculizar y detener el proceso que él estaba haciendo. ¡Me resulta doloroso el solo hecho de pensar en que cuantas veces me habré perdido del obrar de Dios simplemente porque dudé, dejé de confiar, y mi fe se diluyó como si se la hubiera llevado el viento!!!

Te invito a recorrer esta semana (y toda nuestra vida) en el ejercicio de desarrollar una fe consistente en confianza surgida del reconocimiento de que Dios es muy diferente a las personas que nos fallaron, y que siempre, siempre, cumple (y cumplirá) sus promesas.

(*) Colaborador de la Iglesia Evangélica de Flores

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